LOS ROJINEGROS
CAMPEONARON A PURO 'HUEVO'
...Y UNA TARDE VOLVIÓ
OZONO
Ambicioso, rápido, contundente,
pragmático y con dos delanteros de temer. Con un gol de antología
liquidó a Instituto y se coronó campeón del Miniflash.

Mirá, mirá, mirá,
sacale una foto... Campeones del Miniflash.
Se
ganó como más gusta en el fútbol: con un gol en el
último minuto y metiendo todo en cada pelota. El gol de Francisco
Herrera sacó la angustia instalada en el rostro, las piernas cansadas
ya no importaban, la esperanza anudada de ser campeón se convertía
en realidad. Frente al mismo equipo con que habían perdido por
1 a 0 en el Grupo 3 hacia un rato. No se podía perder nuevamente
y quedar como ‘cagones’, según ese código que
solemos agitar los futboleros.
¿Decían
que Ozono estaba pasado de moda? ¿Qué estaban viejos? Sí,
como Mozart o Platón... Esta fue la mejor manera de taparle la
boca a los críticos que no se podrían sentar ni diez minutos
a hablar de fútbol con ellos. Pasarían una gran vergüenza.
Porque Ozono manejo todas las circunstancias del partido. Es decir, las
pausas, las aceleraciones, la intensidad y los mejores momentos para presionar
y marcar diferencia.
¿Qué
fueron defensivos? No se puede presionar durante todo el encuentro, ni
el Barcelona de Cruyff lo hacía. Ozono definió el partido
y luego hizo circular la pelota. Fue un planteo inteligente. Los jóvenes
hacen grandes campañas, pero los campeonatos lo ganan los grandes
y eso se lo refrendaron los rojinegros a Instituto.
¿Querías contarle a tus hijos como la escolaceaban
los de Ozono? Entonces revisa el gol del zurdo ‘Tuna’ en la
final, siempre mágico, te la hizo fácil: un par de amagues
y una definición exquisita valen más que mil palabras.
Se sabe que si un arquero decide no salir, los centrales
tienen que ganar todas. De cien, cien. Si pierden un par, chau. Adentro
y anda a cantarle a Gardel. Como pasó en el gol de Ozono. Por eso
se agradece la labor del portero rojinegro que “en el puesto de
los ‘boludos’ fue el más vivo”, como señalara
el mítico Hugo Orlando Gatti.
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR
Este triunfo fue inolvidable para Ozono, porque en su
plantel habían varios fundadores de la liga. Como Sebastián
Brieva, prócer de los rojinegros. Un número “6”
dueño del círculo central, propiedad que no comparte con
ningún inquilino, con él la historia del doble “5”
no existe. Es el tercer jugador con más partidos oficiales en la
historia del club –detrás de José Fernández
y Sebastián Salinas–: jugó 630 partidos, tiene 7 goles
y 533 expulsiones.
Inolvidable fue esta final también para Andrés
Fernández, figura en el Nueva Chicago del ’97 cuando recién
despuntaba los 30 años y jugaba con esos pantalones ochenteros
que te apretaban los ‘huevos’. Fue el mayor ídolo del
club hasta que se fue a la quiebra. Nunca ganó nada, pero si de
fidelidad se trata, nunca se lo vio con otra camiseta. Llegó a
Ozono este semestre y en el primer torneo que juega se corona campeón.
Emocionado estaba el fundador del equipo, José
Luis Fernández, que con la legendaria camiseta roja con las franjas
negras cruzándole el pecho y un 16 en la espalda –el mismo
número con que debutó Maradona en Argentinos– logró
un título inolvidable después de un Apertura en que convirtió
tan sólo cuatro goles. Nunca pensó él, con todos
sus rulos, que volvería a brillar nuevamente en una cancha, con
la misma hambre de su derecha inspirada como cuando aún tenía
15 años y un mundo por golear.
OTRA VEZ SEGUNDOS
¿Qué le pasa a Instituto? La clave no pasa
solo por la juventud, ni por los interpretes, sino también por
la garra. Y ahí se desnuda el error fundacional: no mostraron actitud.
Ante la ausencia de juego, queda lo otro: la actitud, la entrega, el coraje
futbolero que demostró Ozono. No porque con esto se tapen las debilidades
de funcionamiento. Pero es un bálsamo, una especie de refugio para
bancarse el temporal. En ese punto tan sensible a la garra y al temple,
Instituto parece vacío. Pero ya se viene el Clausura para demostrarle
a todos que la chapa de segundo se acaba este año. |